Israel los llama bloques 36, 38 a 54 y 219 a 221. Son las zonas de la segunda ciudad de Gaza, Jan Yunis, a las que se aproximan este lunes decenas de tanques y cuya evacuación exige el ejército hacia otra ciudad, Rafah, que también ha bombardeado. Las Fuerzas Armadas han difundido, con octavillas y mensajes de texto, un mapa con tres flechas amarillas en el sentido de Rafah, más al sur, y de la costa mediterránea, y un texto que remite a un listado de refugios. Bajo un sonido constante de ataques, la población siente que no hay lugar seguro en la Franja y cada huida es solo el preludio de la siguiente. “La gente nos ruega que le aconsejemos dónde encontrar seguridad. No tenemos nada que decirles”, ha lamentado el director en Gaza de la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA, en sus siglas en inglés), Thomas White, en la red social X. “Incluso en Rafah, donde la gente se ve obligada a huir, el sonido de los ataques aéreos marca el día”.

El nuevo mensaje israelí enlaza a otro mapa (con cientos de casillas y en el que aparecen esos bloques) para acceder a través del teléfono móvil con un código QR. Para consultarlo, hace falta conexión a internet por datos. Tras semanas de cortes frecuentes, el principal operador de telecomunicaciones, Paltel, ha anunciado a última hora del día el “cese completo” de todos sus servicios de comunicaciones e internet en Gaza, por la desconexión de las rutas que había logrado reparar tras el anterior apagón completo, en octubre.

El ejército difundió el mapa el pasado viernes, al terminar la semana de tregua y lanzar su campaña en el sur, precario hogar temporal de 1,8 de los 2,3 millones de gazatíes por el desplazamiento forzoso de la mayoría de habitantes del hoy devastado norte de la Franja.

Jan Yunis, cuya población se estima que ha pasado de 200.000 a 400.000 por los desplazados por la guerra, se ha convertido en uno de los principales objetivos de los bombardeos israelíes. El ejército la ha declarado parcialmente “zona peligrosa de guerra”. La aviación ha destrozado numerosos edificios de Ciudad Hamad, un proyecto residencial de miles de apartamentos donde buscaban refugio desplazados de otras partes de la Franja. Según residentes citados por la Agencia France Presse, fueron avisados del bombardeo con una hora de antelación.

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Qatar ―hoy mediador en el canje de rehenes y presos y financiador clave de Gaza en los últimos años― construyó Ciudad Hamad para realojar a palestinos sin recursos que habían perdido sus casas en la ofensiva israelí de 2014, la más letal hasta la que desencadenó el ataque de Hamás el 7 de octubre. En aquella murieron unos 2.300 palestinos; en la actual, van 15.899, un 70% de ellos menores y mujeres, en más o menos el mismo tiempo, según los datos difundidos este lunes por el Ministerio de Sanidad gazatí.

Estados Unidos, que entrega armamento a Israel para su ofensiva (unas 15.000 bombas y 57.000 proyectiles de artillería, según el diario The Wall Street Journal), pero se inquieta por el número de civiles muertos, ve los planes del ejército israelí para el sur más cuidadosos. “No es ningún secreto que pensamos que demasiados palestinos murieron en el norte en las primeras semanas […]. Hemos visto mejora en los planes para Jan Yunis, para el sur, y planes de evacuación de barrios, en vez de zonas enteras. El número de desplazados, espero, va a ser menor. Pero vamos a seguir muy de cerca los resultados”, ha indicado este lunes el portavoz del Departamento de Estado, Matthew Miller, en la comparecencia diaria ante los medios.

Varias personas entre los escombros tras un ataque sobre Rafah, en el sur de la franja de Gaza, este lunes.STAFF (REUTERS)

Israel se ha marcado como objetivo destruir política y militarmente a Hamás, el movimiento islamista que gobierna Gaza. Prevé una guerra larga que dure como mínimo otros dos meses y vaya seguida de un cambio de régimen, un control permanente de la seguridad por Israel y el establecimiento de una zona tampón de seguridad. Para conseguirlo, no basta con entrar en la capital y el resto del norte de Gaza, sino que ve imprescindible penetrar también en los núcleos urbanos del sur, como Jan Yunis. Considerado un feudo de Hamás, tiene un componente simbólico añadido: es la cuna de Yahia Sinwar, líder del partido-milicia islamista y cabeza más buscada hoy por Israel. Se le presume escondido bajo tierra y sin acceso a aparatos electrónicos que puedan rastrear los servicios de inteligencia.

“Nuestro Múnich”

El objetivo no se limita a Gaza. Israel pretende emular con Hamás la campaña de asesinatos ―llevada a la ficción por Steven Spielberg― que dirigió el Mosad en distintas partes del mundo tras el asesinato de 11 atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972, y que iba a durar inicialmente 20 años.

Este pasado domingo, la televisión pública israelí dio cuenta de una grabación en la que Ronen Bar, el jefe del Shin Bet (los servicios secretos en Israel y Palestina), asegura que su país está decidido a matar “en cualquier lugar” a todos los líderes de Hamás, “aunque lleve años”. “En Gaza, en Cisjordania, en Líbano, en Turquía, en Qatar… Todos […]. El Gabinete nos ha marcado una meta: eliminar a Hamás. Y estamos decididos a hacerlo. Este es nuestro Múnich”.

La mención a Turquía no ha pasado desapercibida allí. Un cargo de los servicios de inteligencia del país ha asegurado a la agencia Reuters que han trasladado a sus interlocutores israelíes las “advertencias necesarias” de que una acción así ”tendría graves consecuencias”.

Otra de las metas de Israel es la vuelta de los rehenes. Aunque las negociaciones continúan entre bambalinas, cunde la sensación de que el regreso de las hostilidades ha dejado el tema aún más en segundo plano, pese a que todavía quedan en Gaza 137 secuestrados (115 hombres, 20 mujeres y dos niños). 15 de ellos, tanto soldados como civiles, han sido declarados muertos, en particular a raíz de la liberación de rehenes que han regresado con información que ha permitido confirmar su fallecimiento. No significa que hayan sido asesinados allí por Hamás o muerto en bombardeos israelíes, ya que han podido ser introducidos en la Franja ya cadáveres el 7 de octubre.

Este domingo, el ministro de Defensa, Yoav Gallant, ha vuelto a insistir en que el avance militar no choca con los esfuerzos por liberar a los secuestrados, sino todo lo contrario: empuja a Hamás a negociar su canje por presos palestinos. “En los últimos dos meses, he trabajado enfocado en lograr los objetivos de la guerra: destruir las capacidades militares y de gobierno de Hamás y traer de vuelta a casa a los rehenes. Y esos dos objetivos están estrechamente vinculados”, dijo en un encuentro con representantes de las familias.

Un día antes, miles de personas se manifestaron en Tel Aviv para pedir al Gobierno que trabaje para traer de vuelta a los secuestrados que quedan en Gaza. Marcada por dos lemas ―“¡Todos!” y “¡Ahora!”―, contó por primera vez con voces de rehenes liberados. Al concluir, un grupo más pequeño cargó contra el primer ministro, Benjamín Netanyahu. Este lunes amenaza con iniciar una sentada si el gabinete de guerra no los recibe para explicarles qué están haciendo para traer de vuelta a sus seres queridos.

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Hildelita Carrera Cedillo
Hildelita Carrera Cedillo