El 11 de septiembre de 2001, los países de las Américas establecieron en Lima-Perú el «Tratado Constitutivo» que establece que «los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla» y que «la democracia es fundamental para el desarrollo social, político y económico de los pueblos”. Es la Carta Democrática Interamericana que, a 21 años de su vigencia, se encuentra bajo la conspiración de las dictaduras que, bajo el mando de Cuba, ostentan el poder en Venezuela, Bolivia y Nicaragua La Carta es el instrumento para acabar con las dictaduras y sólo necesita un liderazgo consecuente.

Durante la última década del siglo pasado, todos los países de América eran democracias excepto la dictadura de Cuba, que moría en su llamado “período especial” y la decisión de las democracias fue esperar el resultado de este agonía que se interrumpió cuando Hugo Chávez asumió el poder en Venezuela en 1999 y salvó la dictadura cubana al iniciar el proceso de desestabilización de la democracia a través de la expansión del castrismo del siglo XX convertido en castrismo del siglo XXI.

El siglo XXI nació en las Américas con la renovada conspiración de la dictadura cubana que, bajo la sombra del populismo bolivariano liderado por Chávez, terminará por controlar casi toda América Latina para el 2012. Las condiciones de esta conspiración prepararon la tormenta perfecta contra democracia con los atentados terroristas en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, que provocaron el cambio radical en la política exterior americana que condujo al abandono de la región.

El crecimiento del socialismo del siglo XXI o castrochavismo ha incluido el control de la Organización de Estados Americanos (OEA), que durante los diez años del gobierno de Insulza desconoció el mandato y contenido de la Carta Democrática Interamericana y los principios del sistema de defensa de los derechos humanos. derechos y libertad La Carta Democrática Interamericana no fue respetada ni implementada por la OEA entre 2005 y 2015, pero también fue anulada, tergiversada y rechazada, porque un instrumento fundamental de la democracia es el principal obstáculo para las dictaduras.

La realidad objetiva muestra que la Carta Democrática Interamericana ha pasado por cuatro etapas históricas: 1.- Desde su concepción hasta su firma, que va de 1994 a 2001, desde Miami vía Quebec hasta Lima; 2.- El de su proclamación el 11 de septiembre de 2001, de optimismo con una implementación inicial hasta el control castrochavista de la OEA en 2005; 3.- Violación dolosa y sabotaje de sus disposiciones en la administración Insulza de 2005 a 2015; 4.- De recuperación y aplicación progresiva con el liderazgo del Secretario Almagro en la OEA que se inicia con el caso de la dictadura venezolana.

La estrategia política y comunicacional del castrochavismo mientras tuvo el control de la OEA fue desconocer la Carta y desde 2015 ha sido desacreditarla con el mensaje de que es inútil y con la abierta conspiración contra la OEA -incluso y el Secretario General Almagro. Las unidades de inteligencia y comunicaciones de la dictadura cubana que llevan a cabo esta estrategia entienden muy bien que desprestigiando y devaluando el contenido de la Carta pueden camuflar mejor los crímenes de terrorismo de estado y crímenes de lesa humanidad que cometen en Cuba, Venezuela, Bolivia. y Nicaragua. . .

Para impedir la plena difusión, comprensión y aplicación de la Carta Democrática Interamericana, el castrochavismo bloquea los mecanismos de la OEA, utilizando gobiernos como el de Argentina, México y Bolivia, y presionando -aún con sospechas de corrupción- a muchos los países que ha afiliado al mecanismo Petrocaribe para controlar sus votos. También maniobran las dictaduras con la salida de la OEA como ha intentado Chávez con Venezuela y ahora Ortega con Nicaragua, y la negativa de Cuba a participar en una organización en la que ya está reincorporada.

La Carta Democrática Interamericana es el mayor enemigo de las dictaduras porque es el instrumento legal que las identifica, califica y acusa. Sin la Carta, las dictaduras de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua seguirían creando falsas narrativas como las de revolución o democracias iliberales. Es la Carta -como ley imperativa- con sus «elementos esenciales de la democracia» la que designa regímenes que violan los derechos humanos, concentran todo el poder, liquidan la libertad de prensa, anulan el estado de derecho, falsean la voluntad popular y multiplican los hechos delictivos. , como dictadores.

La Carta puede y debe mejorarse, pero tal como está, es el instrumento ideal para acabar con las dictaduras que solo esperan líderes coherentes para cumplir con sus mandatos.

Artículo publicado en Infobae.com

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores para seguir adelante y asegurarse de que las noticias incómodas que no quieren que lea permanezcan a su alcance. ¡Hoy, con su apoyo, seguiremos trabajando duro por un periodismo libre de censura!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.