1. En las últimas semanas, la preocupación en el amplio mundo de la oposición venezolana ha girado en torno a la aparición de reuniones de algunos de sus grupos con el gobierno de Maduro, o cartas de otra índole dirigidas a la administración de Biden. Las dudas sobre cómo abordar una negociación con el régimen venezolano y las sanciones internacionales en su contra han vuelto a estar sobre la mesa.
  2. Ante esto, hay dos reacciones posibles. Primero, lamentando cómo estos hechos parecen profundizar la ya crónica dispersión e incomprensión de los actores de la oposición. La otra es tratar de ver cómo se puede aprovechar el momento para la necesaria e ineludible tarea de aglutinar nuestras fuerzas políticas y sociales democráticas. Lo inteligente es hacer esto último.
  3. Pero para eso se necesita un prerrequisito fundamental, que es la despersonalización del debate. Un síntoma de primitivismo político es anteponer al mensajero al mensaje, para evitar el trabajo intelectual más elaborado de responder a los argumentos de este último. Es lamentable que no hayamos superado la perniciosa herencia cultural del militarismo bolivariano que, en su pobreza teórica, habla sólo de amigos y enemigos, o de traidores y leales. Una señal de madurez, tanto en la política como en la vida, es prestar más atención a los argumentos que a quien los esgrime. Así que evitemos la trampa fácil de las categorías infantilmente dicotómicas sobre las personas, y concentrémonos en lo que es o no redimible en sus argumentos.
  4. Hay sectores que sostienen que la presión externa -sanciones incluidas- es en la práctica la principal herramienta, si no la única, que hace pensar al gobierno de Maduro en la conveniencia -para él, claro- de dejar que ciertas reformas políticas sigan su curso. . lejos de ella. En este contexto, las sanciones son un arma estratégica de presión para viabilizar la posibilidad de negociación que a su vez conduzca a reformas políticas. Pero parece que permitir estas reformas políticas le está costando tanto al gobierno que ni el arma de las sanciones es suficiente para convencerlo.
  5. Hay una segunda proposición que dice que si lo anterior es así, entonces debemos levantar las sanciones, ya que esto sería un arma de presión mayor y más efectiva. Sin las sanciones, el gobierno entraría en un proceso de apertura económica, que en teoría debería conducir a reformas políticas. El problema con esta proposición es que la historia ha demostrado que existen regímenes autoritarios y dictatoriales que pueden implementar con éxito reformas económicas sin llevar a reformas políticas. De hecho, el propio Maduro pudo reducir la hiperinflación venezolana sin hacer una sola reforma política. Sin los conectores sociales apropiados, las dos esferas, la económica y la política, pueden operar de manera bastante independiente entre sí.
  6. La primera propuesta no ha funcionado, al menos no todavía, y no hay indicios de que lo haga en un futuro previsible. La segunda tiene la ventaja de existir solo a nivel teórico, pero genera dudas sobre su coherencia interna: las sanciones no son lo suficientemente fuertes ni efectivas porque parece demasiado costoso y peligroso para el gobierno permitir políticas de reforma, por lo que renuncio a esto. herramienta que permite al gobierno impulsar reformas económicas por su cuenta. En otras palabras, o me olvido de las reformas políticas o espero que una lleve a la otra. En esta propuesta, en palabras de Pedro Pablo Peñaloza, el objetivo no sería cambiar a los actores que están en Miraflores, sino cambiarse a sí mismos.
  7. Una pregunta paralela a este debate es la del impacto real de las sanciones en las condiciones de vida de los venezolanos. Hay muy poco consenso sobre el grado de atribución que las sanciones pueden tener al desempeño económico del país después de 2017, y menos aún a las condiciones de vida de la población. Los datos no solo están lejos de ser concluyentes, sino que en algunos casos son contradictorios. Así, por ejemplo, una de las conclusiones del estudio sustancial “Impacto de las sanciones financieras internacionales contra Venezuela: nueva evidencia” (Team Anova, 21 de enero de 2021) es que “si bien la estrategia de sanciones contra PDVSA no podría ser responsable únicamente por la parte de la caída en la producción de petróleo, no hay evidencia de que las sanciones hayan tenido un efecto negativo en la disponibilidad de suministros humanitarios básicos. Por el contrario – continúa el estudio – las sanciones de agosto de 2017 están asociadas, directa o indirectamente, a un aumento y posterior estabilización de las importaciones de alimentos y medicinas”.
  8. Eso sí, hay que seguir analizando el tema a fondo y sin prejuicios, a base de datos y no solo de opiniones y pareceres. Lo que no es fácil es llegar a conclusiones políticas a partir de premisas que aún no han sido estudiadas y verificadas en su real naturaleza y dimensión. El riesgo de que se repita el estrepitoso error de los círculos empresariales del Cosep (la nicaragüense Fedecámaras) y de ciertos sectores políticos de la Nicaragua orteguista está ahí y es muy alto. La estrategia de fomentar la demanda de libertades económicas, esperando que esto lleve a libertades políticas, ha producido en este país una esperanzadora luna de miel entre el régimen orteguista y el mundo empresarial, acompañada de buenos negocios y ganancias para algunas empresas, que luego se vienen abajo. abajo en la dura realidad unos años más tarde. En lugar de las reformas políticas esperadas, lo que sucedió fue el fortalecimiento del poder de Ortega y la persecución y encarcelamiento de los esperanzados promotores de tal estrategia. Que nadie diga mañana que los venezolanos de hoy fueron tan ingenuos que teniendo a mano la única herramienta que temía el gobierno, decidieron por su cuenta dejar de usarla. Pero tampoco se diga que, a pesar de su inviabilidad histórica, seguimos creyendo que la solución a la crisis es «crear, con la ayuda de la comunidad internacional, una amenaza creíble para que el régimen desaloje las instituciones que usurpa». ….” como se señala en otra de las palabras de moda de la administración Biden.
  9. Es comprensible la frustración de muchas personas y sectores ante la falta de avances en la estrategia democrática para lograr elecciones libres que derroquen al régimen madurista. Pero esta frustración, legítima y comprensible, no debe llevar automáticamente al abandono de la estrategia sino a su revisión para ver qué puede faltar. Ante la frustración de no aprobar un examen, el consejo al alumno es que no deje de estudiar. Eso sí, habrá quien te diga que si te dedicas todo el tiempo a estudiar y suspendes, deberías probar otras opciones diferentes para aprobar la asignatura. La verdad es que la única estrategia válida y eficaz para tener éxito en una materia es cambiar la forma de estudiar, quizás la forma de abordar los exámenes, pero nadie en su sano juicio diría que la solución para tener éxito en los estudios es dejar de estudiar. estudiando.
  10. Lo mismo ocurre con la estrategia democrática, que consiste en apostar por una negociación exitosa que conduzca a la celebración de elecciones libres como mecanismo imprescindible para una transición viable. Sin embargo, para el éxito de esta estrategia basada en la negociación y la solución concertada es fundamental la generación y presencia de condiciones sociales de presión, y ahí es precisamente donde fallamos. El problema no está en el diseño de la estrategia sino en su aplicación, porque no se ha desarrollado una variable clave de su éxito. Por eso, lo realmente importante para la lucha por la liberación democrática de Venezuela no es el énfasis que pone ninguno de los mapas de moda, sino precisamente lo que ninguno dice. Sin esto -que no dicen- no se puede lograr nada de lo que proponen.
  11. ¿Qué no dice ninguna de las famosas “cartas” o documentos de reuniones de algunos con el gobierno? ¿Por qué no ha funcionado hasta ahora el mecanismo de negociación? Porque junto a la presión externa (que incluye la aplicación de sanciones contra el gobierno) no se ha desarrollado la necesaria presión cívica interna que, junto con ella, actúa de manera conjunta y coordinada como alicientes para obligar al gobierno a negociar. Porque sin incentivos y sin presiones, la negociación es una quimera. No se trata, por tanto, de abandonar la presión externa –con todas sus herramientas, incluidas las sanciones–. La clave es desarrollar el otro polo que aún no se ha creado para que funcione la ecuación.
  12. Por lo tanto, nuestra principal preocupación en este momento debe ser cómo trabajar internamente en la búsqueda de identificar e implementar los mecanismos para generar esta presión ciudadana. Y es en esta tarea y en esta prioridad que todos podemos encontrarnos, independientemente de la “carta” o el encuentro con el que simpatice. Sin presión cívica interna, las acciones de la comunidad internacional (nuevamente, incluidas las sanciones) tendrán poco efecto, por mucho que se pida que se mantengan o aumenten. Pero sin presión cívica desde dentro, no habrá reformas económicas a menos que esperemos que nos las den gratuitamente, y tampoco habrá derechos políticos a menos que confiemos en que nos los concederán mediante una graciosa concesión. En otras palabras. Las dos posiciones antes mencionadas necesariamente deben coincidir en la tarea de tratar de generar condiciones concretas de presión cívica interna porque ambas posiciones requieren que tenga cierto grado de viabilidad.
  13. ¿Cuál es esa tarea que nos puede unir y dónde debemos encontrarnos todos? Junto al acercamiento a los sectores moderados y pragmáticos del gobierno, que también pueden colaborar en el debilitamiento de la coalición dominante, urge trabajar aguas abajo en la articulación de fuerzas sociales y políticas democráticas y en la reconstrucción del tejido social. Ello pasa por estimular y acompañar a los movimientos sociales (sindicatos, gremios, estudiantes, mujeres, comunidades) a organizarse para luchar por sus factores, hacerse presente en sus luchas y colaborar con ellas, buscar la negociación a lo interno en el espectro de las Fuerzas democráticas desde el fortalecimiento de los diálogos y encuentros con organizaciones sociales, respetando su autonomía, ayudándoles en su reorganización, stimándoles a su voz y aumentando su visibilidad, y multiplicando las experiencias de encuentros transectoriales que ya se han iniciado en algunas regiones del país .
  14. Esta tarea no es fácil ni rápida, no es elegante ni llama la atención. Es mucho más fácil escribir cartas o reunirse en Miraflores que dedicar tiempo, inteligencia, tolerancia y mucho esfuerzo para llevarlo a cabo. Es comprensible. Pero es imposible renunciar a ella sin que ello implique la perpetuación del modelo de dominación en el poder. Porque las transiciones exitosas en la historia siempre han involucrado dos factores en sinergia: por un lado, la movilización activa y la presión cívica de la población organizada, y por otro lado, el trabajo político de construcción de alternativas para superar la ‘hegemonía’. Uno sin el otro simplemente no funciona.
  15. Por lo tanto, sin dejar de discutir –que no sólo es inevitable sino también deseable en una comunidad democrática–, avancemos en lo que es común y necesario para la viabilidad de cualquiera de las propuestas en competencia. Porque, una vez más, sin desarrollar esta variable interna, ninguna de las propuestas que hay sobre la mesa dejará de ser un deseo.

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